lunes, 30 de septiembre de 2013

Chapeau el Esmirriau


¡Hola a todos!
 
Hoy os traigo un episodio de nuestros dos agentes secretos más famosos. Me refiero, cómo no, a las estrellas de la secretísima organización T.I.A (Técnicos de Investigación Aeroterráquea): Mortadelo y Filemón.
 
 
 
 
Por si no lo sabes, ambos son creación del gran dibujante español Francisco Ibáñez, de cuya pluma también ha salido otros personajes como El botones Sacarino, Pepe Gotera y Otilio o 13 Rue del Percebe y que, para mí, es todo un GENIO. Así, con mayúsculas. ¡La de tebeos suyos que he leído cuando era pequeño... y aún conservo, claro!
 
La historia que os propongo hoy es una de mis favoritas y, además, está llena de gags divertidísimos que harán que te partas de la risa. La misión a la que se enfrentan nuestros amigos no puede ser más complicada: Mortadelo y Filemón son escogidos para guardar una extraña moneda del reinado de Ramsés II... encontrada en una máquina tragaperras. Lo  malo es que el caco Chapeau el Esmirriau se hace con ella.
 
Pero El Esmirriau no es un malo cualquiera. Tiene un arma fabulosa que le hace invencible: su sombrero. ¿Y cómo es esto? Fácil: de él salen bombas, vigas de acero, cañonazos, perros o hélices que le permiten volar. Pero no hay que preocuparse; Mortadelo y Filemón pueden con todo y, aunque las pasan canutas contra un enemigo tan formidable, también tienen tiempo para zurrarse de lo lindo entre ellos, entrenar a un perro que suelta puñetazos a todo el que lleva un sombrero o graparse billetes de avión en la nariz.
 




 
 
 
Como puedes ver, todo un espectáculo lleno de humor que, acompañado del excelente dibujo del maestro Ibáñez, hace de esta aventura una delicia que te arrancará unas cuantas buenas carcajadas.
 
Recuerdo que, cuando yo era pequeño, releí este tebeo millones de veces y me lo pasaba pipa. Y ahora, que han pasado unos añitos, lo sigo releyendo y me lo sigo pasando igual de bien. Y es que Mortadelo y Filemón, son mucho Mortadelo y Filemón.
 
Animáos, que no os arrepentiréis.

¡Riau, Riau!
 
¡Felices lecturas!

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