domingo, 19 de febrero de 2017

De la hoja en blanco a la ilustración: Gandalf



¡Muy buenas!

Hoy os voy a dejar el proceso de realización de una de mis últimas ilustraciones, Gandalf. Sí, es el tipo que aparece en El Señor de los Anillos o en El Hobbit. Es una mago muy curioso y, palabra, os garantizo que tomar el té con él es toda una aventura. Me ha contado cada cosa...

Bueno, vamos a lo que vamos. Lo primero es la idea. La verdad es que tenía ganas de dibujarle y, aprovechando que había un cuadernito muy cerca de mí (algo que me pasa muy a menudo; no sé por qué), eché mano de una pintura azul y me lié a hacer un boceto. Siempre con mi filosofía de "el garabato es divertido" Lo de la pintura azul no es por nada; es que, a veces, el gris del lápiz cansa. Si os fijáis, el cuerpo me salió algo ondulado, como un globo. Eso sí, lo de dejarle un ojos muy abierto y el otro medio cerrado es algo que me gustó mucho. Por cierto, lo del globito de la izquierda es pura casualidad...






La pose me gustó pero quise hacer más. Por eso, en el siguiente boceto, cambié varias cosas. En primer lugar, el sombrero se lo puse más picudo. Además, aquí los ojos se le ven más. Luego, decidí mostrar sus manos y el dichoso bastón que por cierto, no suelta ni a la de tres. A parte, como comentario, me miró con cara de "o dibujas el bastón o lo uso contigo" A mandar...







Como soy muy cansino, me decidí por otro boceto. Quité de nuevo el bastón (él no se dio cuenta) pero me pareció que tenía cara de aburrimiento. Nada, que no me hizo gracia.







Por eso, decidí hacer una especie de mezcla entre el primer boceto y el segundo. En este paso, uso un papel más limpio (lo que llamamos folio vulgar y corriente) y hago un boceto rápido pero afinando un poco (solo muy poco) la línea. Y, sí, puse el dichoso bastón... y mantuve lo de un ojo muy abierto y otro más cerrado. El detalle del humo de la pipa me gustó bastante. Mirad:





A esto le llamo yo un primer plano.
El tipo es todo alegría, ¿verdad?




Y vamos allá con el siguiente paso. Usando una estupenda mesa de luz, calco el dibujo a un papel especial solo para rotuladores que es muy finito y permite que los rotus se deslicen por él de manera fantástica. No es que te hayas quedado algo cegato de repente, no; es que, en esta ocasión, he utilizado un lápiz de mina dura para no ensuciar mucho el papel y eso hace que se vea poco. Queda tan limpio que da gusto verlo.







Comienza la diversión: los rotuladores. Muchos creen que son herramientas de niños de colegio. Bueno, cada cuál con su opinión. Estos son de dibujo, de los que compras en tiendas de bellas artes y se les suele llamar rotuladores de puntal de pincel. ¿Sabéis porqué? Porque tienen la punta... ¡Como un pincel! Esto quiere decir que es muy suave y delicada, lo que implica que no hay que apretar como una mala bestia. Se llaman Koi Sakura y como, podéis imaginar, japonenes. Mirad:


Resultado de imagen de rotuladores koi sakura


¡Y son una gozada! Se deslizan por el papel de manera tan fácil que es todo un placer usarlos. Una cosita: en esta primera capa coloreo muy rápido evitando levantar la punta del rotulador del papel (aunque, a veces, es inevitable) Si lo haces, quedan unas rayitas que se llaman aguas. No pasa nada por esto; es propio de usar los propios rotuladores. Aquí empecé con el sombrero, la cara y el pelo.







Un primer plano. Incluyo el trabajo con la pipa. Me lo he pasado muy bien con el pelo y la barba. Le iba a decir al señor Gandalf que me recordaba a un Rey Mago pero luego  pensé que, si lo hacía, me convertiría en vómito de sapo, así que me quedé calladito.








Doy la primera capa de color a todo el dibujo. Por eso, los colores son planos.







Antes de continuar, aquí va un paso muy importante: después de la etapa anterior, hay que marcharse a tomar un cafe, a ver la tele, a dar una vuelta o a hacer lo que te venga en gana. ¿La razón? Los colores tienen que secar. Sí, como la acuarela o la témpera. ¿A que os ha sorprendido? La razón es que, una vez secos, uso el mismo rotulador en diferentes capas para sombrear, como si fuera acuarela. ¿Veis el sombrero? La sombra es el mismo tono de azul que el color base. Igual el bastón. Para la piel, que es más delicada, tengo que usar un color distinto.






Más detallitos del sombreado.


Y aquí tenemos el sombreado general. Aún quedan cosas pero el conjunto va tomando forma.






Con distintos colores esta vez, más oscuros, doy toquecitos: la barba, el sombrero, la ropa....





Y, arreglo por aquí, pincelada por allá, este es el resultado final:








¿Qué os ha parecido? 

A él le gustó e, incluso, sonrió al verlo (¡menos mal!). Luego, tomamos un té de un sitio que él llama La Comarca (a saber dónde está eso, porque no me aparece en el GPS) y me contó unas historias alucinantes. Bueno; ¡no sabéis la de problemas que puede dar un simple anillo!

Pues esto ha sido todo. Si os ha gustado, compartid o dejad algún comentario. Yo, mientras, ya estoy preparando la siguiente entrega para De la hoja en blanco a la ilustración.



Felices garabatos.




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